Las lecciones que España debe extraer del Mundial antes de organizar el de 2030

A cuatro años de acoger la Copa del Mundo, España observa el Mundial 2026 con lupa; qué copiar y qué evitar de la primera cita a tres países de la historia

El Mundial 2026 no es solo el torneo del momento, es también el mejor ensayo general posible para España, que llega como campeona y en 2030 será una de las sedes de la Copa del Mundo junto a Portugal y Marruecos.

Por eso, más allá del espectáculo, debe tomar nota de lo que ha salido bien y de lo que ha chirriado en la organización de esta edición a tres países.

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1) Lo que funciona (y España debería replicar)

Los estadios se llenaron, con cifras de récord

Antes del torneo, muchos analistas vaticinaban un fracaso de asistencia por la política migratoria estadounidense y los precios. Ocurrió lo contrario.

Según el informe oficial de la FIFA tras los 104 partidos de la Copa del Mundo, por primera vez en la historia se registraron más de 6 millones de espectadores en los estadios.

Concretamente, un total de 6.810.966 aficionados, con un promedio de 65.490 personas por partido y una ocupación histórica del 99.7%.

Unos datos de récord, que suponen la mayor asistencia de la historia de los Mundiales.

Ni siquiera los duelos menos atractivos fallaron: Australia-Turquía llenó el 100% del aforo en Vancouver y el Haití-Escocia rozó el 99,5% en Boston.

El formato de 48 selecciones

La ampliación, tan cuestionada, no solo no descafeinó el torneo, sino que disparó el espectáculo.

318 goles en los 104 partidos, para una media récord de 3,06 tantos por encuentro, por encima de los 2,69 de Catar 2022.

La edición con más goles del siglo XXI y con mejor promedio desde 1970.

Además, dejó sorpresas mayúsculas, con selecciones debutantes o modestas (como Cabo Verde, RD Congo o Nueva Zelanda) compitiendo de tú a tú con las potencias.

El modelo de inversión "sin faraonismos"

Frente a los despilfarros de otras ediciones, las sedes norteamericanas apostaron por inversiones contenidas en transporte, seguridad y renovación de recintos ya existentes, en lugar de construir estadios nuevos.

Es justo la vía de España, que cuenta ya con un parque de estadios de primer nivel y no necesita levantar elefantes blancos.

2) Lo que no funciona (y España tiene que corregir)

El calor, el gran enemigo

Es la crítica número uno del Mundial 2026, y la que más debe preocupar a España.

Un estudio de FIFPRO calculó que 26 de los 104 partidos se jugaban en condiciones de riesgo para los futbolistas, y la FIFA tuvo que imponer pausas de hidratación obligatorias.

La mayoría de estadios no tienen sistemas de refrigeración ni sombra garantizada. Así, un Mundial de verano en España y Marruecos volverá a poner el calor en el centro de todo, así que habrá que planificar horarios, refrigeración y descansos desde el minuto uno.

Las distancias

La enorme dispersión geográfica de un torneo repartido en tres países, 16 sedes y 104 partidos a lo largo de 39 días ha generado críticas por el desgaste físico de las selecciones y por el coste ambiental.

Para hacerse una idea de la escala logística, la propia FIFA contabilizó más de 6.300 traslados de las selecciones durante el campeonato, incluidos 270 desplazamientos entre sedes por aire y carretera.

Aquí, España parte con un reto añadido: 2030 también reparte partidos entre tres países (más otros tres en Sudamérica por el centenario), con desplazamientos intercontinentales de por medio.

Agrupar sedes por proximidad y diseñar un calendario que minimice los viajes será clave.

El precio de las entradas

El sistema de precios dinámicos disparó el coste de las entradas y alimentó la sensación de un evento "premium" y no popular.

Los paquetes de hospitalidad arrancaban en los 8.000 dólares por partido y una fiscalía de Nueva York llegó a citar a la FIFA por su política de precios.

La FIFA se defendió alegando que un tercio de las entradas se vendió por menos de 300 dólares, pero el malestar fue evidente.

Las entradas de reventa para la final España-Argentina alcanzaron precios de hasta 595.000 dólares para la Categoría 1 y la asombrosa cifra de 2,3 millones de dólares por un asiento específico en la Categoría 3.

España, cuna de una afición muy popular, debería cuidar una política de entradas más accesible para no perder ambiente.

Las pausas de hidratación

Pensadas para el calor, acabaron percibiéndose como una herramienta comercial que troceó los partidos en cuatro actos para meter más publicidad.

Jugadores y entrenadores se mostraron mayoritariamente en contra. Un equilibrio más sensato entre salud y espectáculo es otra asignatura.

El césped

Muchos estadios estadounidenses, preparados para el fútbol americano, obligaron a instalar superficies menos naturales, con quejas por el bote del balón y el riesgo de lesión.

Aquí España juega con ventaja; sus recintos son de fútbol y de césped natural.

Las bazas con las que España parte por delante

No todo son avisos. España llega a 2030 con ventajas de peso que en 2026 se echaron en falta.

Estadios diseñados para el fútbol, una red de transporte público muy superior para llegar a los recintos (uno de los puntos flojos de algunas sedes de EE. UU.), una infraestructura turística consolidada y, sobre todo, una cultura futbolística y una pasión difíciles de igualar.

Eso sí, tampoco conviene relajarse en casa. La propia preparación española ya ha dejado sobresaltos, con ciudades que se han caído de la lista de sedes (Málaga o A Coruña) y polémicas en la elección de estadios.

Elena Maldonado

Periodista especializada en deporte. Formada en la UCM y la Escuela Unidad Editorial, he trabajado en Mundo Maldini, El Mundo y ahora en Betfair.