Cómo vivió España aquella última semana del Mundial 2010: ¿Déjà vu?
Recuerda con Betfair la semana mágica en la que España hizo historia y consiguió su primera estrella mundialista
España vuelve a soñar. Con La Roja metida de lleno en la última semana del Mundial 2026 y a las puertas de otra final, es imposible no sentir un cosquilleo de déjà vu y mirar atrás.
Porque hay semanas que se quedan grabadas para siempre, y la del 7 al 12 de julio de 2010, cuando España se proclamó campeona del mundo por primera vez en su historia. Así la vivimos.
No te pierdas ninguna novedad de la Selección Española en Betfair
La ilusión, in crescendo
Todo cambió el miércoles 7 de julio. Cuando Puyol metió aquel cabezazo ante Alemania y España se plantó en su primera final mundialista, el "y si..." se convirtió en un "vamos a por ello".
En pleno verano, con medio país de vacaciones, La Roja se coló en cada conversación de playa, de terraza y de sobremesa.
Las banderas empezaron a asomar en balcones y ventanillas de coche, y la cuenta atrás para el domingo se vivió con una mezcla de nervios e ilusión desconocida.
Más de un millón de personas en la víspera
La semana dejó, además, una coincidencia para la historia. El sábado 10 de julio, apenas unas horas antes de la final, Barcelona vivió una de las manifestaciones más multitudinarias de su historia.
"Som una nació", en protesta por la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Cataluña, con 1,1 millones de personas en la calle según la Guardia Urbana.
El contraste quedó grabado. La víspera, una jornada de máxima tensión territorial; al día siguiente, futbolistas catalanes como Puyol, Piqué, Xavi o Busquets eran claves para que España levantara el Mundial, en una celebración que unió al país entero.
La noche del 11-J: un país entero, a la vez
El domingo, España se detuvo. Durante los 120 minutos de la final, las calles se quedaron desiertas y todo el país se apiñó frente a una pantalla.
En el salón de casa, en el bar de la esquina, en las pantallas gigantes instaladas en las plazas de prácticamente todas las ciudades. Fue una comunión nacional sin precedentes.
Los datos lo confirman: la prórroga la siguieron 15,6 millones de espectadores, con un 86% de cuota de pantalla, la emisión más vista de la historia de la televisión en España.
Sumando toda la retransmisión, la audiencia rozó los 20 millones de personas. Nunca tantos españoles habían mirado a la vez hacia el mismo sitio.
El minuto 116, de la tensión a la locura
La final fue un suplicio de nervios, trabada y sin goles, con España acariciando la tanda de penaltis.
Y entonces, a las 22:56, llegó el gol de Iniesta. En ese instante, millones de gargantas gritaron a la vez y el país explotó.
Lo que hasta entonces eran calles vacías se convirtió, en segundos, en una marea humana: la gente salió en tromba, aún en pijama o en bañador, a abrazarse con desconocidos, a saltar en las fuentes, a tocar el claxon y a envolverse en la bandera.
El telón de fondo: una alegría muy necesaria
Aquella euforia se entiende mejor conociendo el momento. España arrastraba de lleno la crisis económica, con el paro disparado y un ambiente social sombrío.
Por eso el título fue mucho más que un trofeo; fue una válvula de escape colectiva, un motivo para salir a la calle a celebrar en unos años en los que había pocos.
Dos apuntes muy españoles de aquella semana
- Fútbol y toros a la vez. La final cayó en pleno San Fermín (del 6 al 14 de julio). En Pamplona se corría delante de los toros por la mañana y se celebraba a La Roja por la noche: doble fiesta.
- Una quincena para enmarcar. Solo una semana antes, el 4 de julio, Rafa Nadal había ganado Wimbledon. En siete días, España sumó el trofeo de tenis más prestigioso y su primer Mundial. El país vivía en la cima del deporte.
Y, cómo no, quedó la imagen más tierna de la noche. Iker Casillas rompiendo a llorar y besando en directo a la periodista Sara Carbonero, la postal sentimental de aquel verano.